Deuda saldada con Fuente

 

El periodista italiano Gegé Lorenzana, que de niño se aficionó al ciclismo tras ver ganar a El Tarangu una etapa del Giro-74, vino al cementerio de Limanes a depositar el libro en el que evoca aquella gesta.

La nueva España Domingo, 23 de noviembre de 2003

Se dice que los recuerdos de niño siempre calan hondo. El periodista y quía turístico italiano Gegé Lorenzana lo sabe bien. Hace unos días vino a Asturias a depositar sobre la tumba de José Manuel Fuente, en Limanes, un libro en el que rememora la gesta de El Tarangu, cuando en el Giro de Italia de 1974 ganó una etapa y se colocó de líder. Lorenzana tenía entonces 12 años cuando, desde lo alto del puerto Faito, vio escaparse y triunfar a Fuente nada menos que ante el poderoso Merckx. En ese momento se enamoró del ciclismo. Y ahora saldó la deuda que contrajo aquél día.

Oviedo, J.E.Cima

“He cumplido mi sueño de traer el libro a la tumba de José Manuel Fuente, quien me hizo desde niño conocer la belleza del ciclismo”. Así de feliz se mostraba el italiano Eugenio Lorenzana, conocido por “Gegé”, que es periodista y trabaja sobre todo de guía turístico por la zona sur de Italia, cuando el pasado día 8 estuvo en el cementerio de Limanes. Acompañado por la viuda de Fuente, María Elena Martínez, y el cuñado del ex campeón, José Luis Riestra, Gegé se emocionó al depositar en el nicho donde reposan los restos de El Tarangu su libro “Historias de ruedas y rueditas”, cuyo noveno capítulo lo dedica a la exhibición de Fuente en una etapa montañosa del Giro de Italia de 1974.

Tiene ahora 41 años este guía de Sorrento, al que nunca se le olvidó el 14 de mayo de 1974, cuando se disputó la tercera etapa del Giro entre Pompeya y Sorrento, de 137 kilómetros, que ganó Fuente para colocarse de líder nada menos que ante el mismísimo Eddy Merckx. Fuente pudo ganar aquel Giro en el que logró nada menos que cinco etapas. Pero un desfallecimiento en la etapa que terminaba en San Remo rompió su sueño. Merckx ganó aquel Giro, con sólo 12 segundos sobre Baronchelli, y Fuente terminó quinto de la general.

Gegé Lorenzana recuerda que con 12 años estuvo en el alto del puerto de Faito. “Fue algo impresionante e inolvidable ver escalar al pequeño Fuente y comerse a El Caníbal Merckx. Gracias a esa jornada conocí el ciclismo y siempre pensé en escribir un libro con esa historia. Fuente es muy recordado en Italia y siempre que se habla de escaladores se dice El Tarangu”.

Fue en 1998 cuando escribió este libro de bolsillo, de 119 páginas, que consta de trece historias de ciclismo muy variadas. Además de a Fuente, dedica otros capítulos a ciclistas como Girardengo, Polastro, Commesso, Figueras, Leonardo Sierra, Tchmil, Mantani, Sweet, Tim Jones, etcétera. Se publicó en febrero de 2002 y las ventas se destinaron a una asociación benéfica. El libro ganó el premio “Puertos enterrados de Roma” y fue finalista en otro más famoso, como “Bancarella Sport”. En el ejemplar que depositó en la tumba de Fuente, Gegé escribió la siguiente dedicatoria: “Al mítico inspirador de mi libro, El Tarangu, hombre y campeón único que me hizo enamorarme de este deporte. Nunca te olvidaré. Gracías de corazón”.

En los dos días que permaneció en Asturias, Gegé, acompañado por José Luis Riestra, conoció el polideportivo de Colloto y las calles que hay dedicadas a José Manuel Fuente. “En Italia es imposible ponerles el nombre hasta que no se muere”, comentó. También visito la casa natal de El Tarangu. “Es muy típica. Son recuerdos únicos y saqué muchas fotos. Mereció la pena conocer todo esto de mi ídolo, que también lo fue de muchos italianos”, comentó.

Fuente se come a El Caníbal

Eugenio Lorenzana

LA NUEVA ESPAÑA reproduce el capítulo del libro “Historia de ruedas y rueditas”, dedicado al triunfo de Fuente en la etapa del Giro de Italia de 1974. La traducción es del propio autor.

José Manuel Fuente no lograba dormir aquella noche en el cuarto del hotel de Pompeya. Su compañero de equipo Uribezubía intentaba distraerlo, pero José Manuel, ex camionero y repartidor de butano de Oviedo, apodado El Tarangu, no lograba dormir. Ni tampoco el cigarrillo de después de la cena fumado a escondidas en el cuarto de Fabrizio Fabbri (corredor de otro equipo) lo calmaba. Fuente estaba intranquilo por la etapa del Giro de Italia del día siguiente, que atravesaba dos montañas de los Apeninos, duras y tortuosas: la Agerola y el Faito. Él había declarado a la prensa muy eufórico que iba a ganar esa etapa con una sola pierna.

El Tarangu sabía bien que era el más fuerte en las subidas y, a pesar de su manera de correr sin estrategia y por impulsos, era consciente de ser el prototipo de escalador puro, característico del ciclismo español Sabía que era el heredero de los Trueba, Bahamontes y Julio Jiménez, Sabía también que era el ídolo de los aficionados ibéricos. Pero sabía, sobre todo, que era el único capaz de dar problemas al gran Eddy Merckx, el ciclista más ganador de la historia del ciclismo profesional: por eso se le apodaba El Caníbal. Mientras tanto, Eddy Merckx dormía tranquilo en otro hotel de Pompeya, convencido de su superioridad sobre todos los otros adversarios del Giro y consciente de una neta superioridad sobre el español en contrarreloj, en descensos y en llano en general.

Eugenio Lorenzana, conocido por “Gege”, un niño de 12 años, no lograba tampoco dormirse en la cama de su casa de Sorrento. Tenía miedo de que no le funcionara el despertador a las 5.30horas, con el fin de que sus vecinos Luis “El Peluquero”, el jubilado Gemino y su papá, Hugo, le llevaran en coche hasta el monte Fato, un lugar que ellos conocían a la perfección, para ver el paso de los ciclistas.

Gemino, gran aficionado y experto del ciclismo, desaconsejó a los otros de esperar a los ciclistas en la bajada a Sorrento porque seguramente no habría grandes emociones. Lo bonito era verlo en las tremendas curvas del puerto Faito y estaban entonces obligados a ir allí aprovechando el espléndido día de primavera. Para llegar al Faito, antes de que se cerraba el paso de la carretera, era obligatorio partir muy pronto, mucho antes de amanecer.

Gemino, como un viejo zorro, no se equivocó. El espectáculo natural y agonístico encima de una bicicleta está subiendo el monte. Allí se garantiza el buen ciclismo.

A la mañana siguiente, en Pompeya, partía la tercera etapa del Giro de Italia de 1974, una jornada corta pero terrible, pasando los puertos de La Agerola, de 787 metros de altitud, y después el Faito, de 1.058 metros, para llegar luego a la meta de Sorrento, después de una bajada de 26 kilómetros.

En la salida de Pompeya la situación había cambiado en 180 grados. Fuente estaba relajado y hablaba poco con sus dos gregarios más fieles. Uribezubía y Lazcano, fuertes escaladores puros. Fuente fumaba el único cigarrillo oficialmente consentido por su director deportivo del Kas, que tenía también un poco la función de ritual que le daba suerte, conjuntamente con el ponerse el pañuelo bajo la manga izquierda del maillot y no en el bolsillo trasero.

El Tarangu preparaba un gran ataque a Merckx y sabía bien que el puerto Faito se adaptaba a sus características, pero siempre que se entregara al máximo para ganarle segundos a El Caníbla.

Mientras, el belga Merckx parecía nerviosísimo en la salida. Notaba en el ambiente que no le iba a llegar nada bueno. Sólo veía positivo un gran día de sol. El belga no comunicaba nada a sus gregarios porque la subida no le daba espacio a preparar tácticas como en descensos o en llano. El Caníbal presentía fácilmente que aquel día el escalador español le iba a dar problemas.

Gegé no era entonces un experto en ciclismo. Se había acercado a este deporte sólo de mirar la televisión y estaba experimentando su primer “ciclismo en vivo”. Estaba contento de ir con el viejo coche FIAT 500 de Luis, junto a Gemino y Hugo, al inicio del monte Faito para después caminar a pie 7 kilómetros hasta la penúltima curva de la subida.

Este punto, elegido por el experto Gemino, era ideal para observar todo. Efectivamente, Gemino había elegido el punto clave y óptimo para ver un magnífico panorama sobre la bahía de Nápoles y, sobre todo, para observar más casi todas las otras terribles curvas de la ascensión, tallada en piedras volcánicas, que la hacen aún más dura. Aquellos virajes eran monstruosos porque aumentaban notablemente la pendiente en pocos metros. Me acuerdo perfectamente de aquella carreterita estrecha y hostil para los ciclistas.

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