FUENTE, el hombre excesivo

 

Era un rebelde individualista, un tipo difícil de sujetar, que no se callaba y tenía fama de polémico.

El Corredor asturiano fue un escalador de grandes vueltas y firmó un palmarés brillante en una carrera deportiva muy corta. Había alcanzado una alianza con el destino: hiciera lo que hiciera, no podría pasar desapercibido. En la búsqueda de los grandes escaladores en la historia del ciclismo. El Tarangu tiene un puesto de honor reservado en el podio de los mejores.

Texto: Luis Gómez. Fotos:Francisco Algersuari.

No era tarea sencilla hacerse un palmarés a primeros de los años 80. No lo era, porque estaba Eddy Merckx dispuesto a llevárselo todo. Sin embargo, a pesar del canibalismo del campeonisimo belga, el ciclismo estaba repleto de corredores de fuerte carácter. Tiene por ello doble mérito que un hombre como José Manuel Fuente lograra dejar en esa época su sello para el recuerdo. Doble mérito por cuanto su trayectoria estuvo marcada por sus problemas de salud. Fuente es un fijo en el panteón de ilustres del ciclismo nacional, ello a pesar de que su carrera profesional fue extraordinariamente corta. Lo que conocemos de Fuente, lo que ha quedado de él como un escalador irreductible, lo consiguió el corredor asturiano en seis años. Corrió como profesional entre 1970 y 1976. Tuvo tiempo para ganar dos veces la Vuelta a España (1972 y 1974), subir al podio del Tour (3º, en 1973), al del Giro (2º, en 1972) y ganar hasta cinco premios de la montaña (uno en la Vuelta y cuatro en el Giro).

Fuente fue, indudablemente un corredor de grandes vueltas y eso explica la gran repercusión que han tenido sus gestas en la montaña. Era, además, un corredor con personalidad propia, un rebelde individualista, un tipo difícil de sujetar. Lo fue durante y después de su carrera. Nunca se calló y ello le creó fama de polémico. Era un hombre excesivo, para lo bueno y para lo malo, a la hora de escaparse y a la hora de quedarse descolgado. A diferencia de sus contemporáneos, nunca ocultó sus relaciones con las sustancias prohibidas, tan habituales en el pelotón internacional antes, durante y después de su etapa profesional. Sus problemas de salud (renales y hepáticos, fundamentalmente) acortaron tanto su carrera como su vida. Murió en 1996 tras una penosa enfermedad.

Es posible que Fuente tuviera una suerte de alianza con el destino. Hiciera lo que hiciera no era un hombre que pasara desapercibido. Tanto si quiso hacerle doblar la rodilla al propio Merckx, como si rivalizó con Luis Ocaña en el corazón de los españoles, como cuando vivió sus problemas internos con Lasa en el Kas, nada parecía transcurrir normalmente en la vida de Fuente. No eran normales, siquiera, sus terribles pájaras, que acababan espectacularmente con algunas de sus aspiraciones. En cualquier caso, su agresividad en la montaña conectó con el gusto popular. Era, o así lo parecía, el siguiente eslabón en la cadena que habían forjado Bahamontes y Jiménez en épocas anteriores. Su relación con la montaña tuvo el carácter exclusivo de los escaladores natos: la montaña se lo iba a dar o quitar todo. A decir verdad, Fuente ue de esos escaladores con entidad suficiente como para acceder al éxito en una gran vuelta.

Tanto es así que Fuente ganó su primera vuelta a España cuando nadie lo esperaba, cuando nadie lo contaba entre los aspirantes, cuando todo el mundo hablaba de Lasa, Tamames o González Linares entre los nacionales, y Agostinho o Mortensen entre los extranjeros, cuando todos calculaban que la Vuelta sería un paseo militar para el potente equipo Kas, que disponía de una formación impresionante. EN esa formación figuraba Fuente aquel año, como un gregario más, como un hombre cuyo objetivo prioritario era luchar por el Premio de la Montaña y, luego, trabajar para Lasa. Era el año 1972, y la Vuelta a España echaba de menos vivir un duelo entre Ocaña y Merckx. La vuelta tenía por entonces un presupuesto de 15 millones de pesetas y se resolvía en 17 etapas.

Fuente tardó 12 etapas en hacerse notar, pero apareció con la pegada de un escalador nato. Dio un golpe seco, decisivo, a la Vuelta. En unas horas de ascensión, pasó de ser un gregario al virtual ganador de la carrera.

Hasta entonces, todo parecía decidido en favor de Lasa, que era el hombre designado por Antón Barrutia, director del Kas, para ganar la Vuelta. Si alguien tenía alguna duda al respecto bastaba con echarle un vistazo a cualquiera de las clasificaciones. ¿La general? Los cuatro primeros eran del Kas (Perurena, Lasa, Manzaneque y González Linares). ¿La montaña?. Fuente del Kas. ¿La general por puntos? Prerurena, del Kas. ¿La general por equipos?. Naturalmente, Kas. ¿Alguien dudaba sobre el resultado de la Vuelta?. La Vuelta la ganaría un Kas, por supuesto, pero ¿alguien pensó en Fuente?

Ni siquiera él mismo lo esperaba, según reconoció sinceramente, hasta que llegó la etapa de Formigal, etapa pirenáica presidida por el calor. Fuente tenía que vigilar que nadie alterara al líder de la montaña, por lo que cumplió su misión saltando a neutralizar algunos ataques. Así fue hasta que Grande lanzó el suyo y Fuente se fue tras el él. El destino quiso que Grande no desmayase en el empeño y continuara su fuga durante muchos kilómetros, seguido naturalmente por Fuente. Los fugados llegaron a tener más de cuatro minutos de ventaja y esa diferencia colocaba a Fuente en posición de líder. El corredor asturiano no dudó un momento, atacó a Grande y se marchó solo hasta la meta. Sus compañeros del Kas no pudieron moverse (no podían atacar a un compañero que se hacía con el liderato) y Fuente llegó a la meta con casi siete minutos de diferencia sobre el segundo y cerca de ocho sobre los favoritos.

Naturalmente, su victoria no sólo resultaba sorprendente sino también polémica. ¿No había desobedecido las órdenes de equipo cuando decidió marcharse en solitario hacia la meta y poner tierra de por medio? La polémica nació con él y no se separó de su lado hasta el mismo momento de su muerte. Dos años después, Fuente volvería a ganar la Vuelta a España (1974) en duelo personal con Luis Ocaña. Fuente volvió a demostrar más fortaleza en la montaña y recibió el calor del aficionado en la cuneta, calor que se convertía en reproches a Luis Ocaña, que no se sentía tan querido y a quien se le reprochaba que no hubiera querido contar con Fuente para el Mundial. Fuente, sin embargo, no se calló en ese punto, no se sintió cómodo con la reacción del público. Era capaz de pedir por la radio que el público diera una ovación a Ocaña en la salida.

Así era Fuente, como así suelen ser los escaladores, hombres generalmente extrovertidos, de fuerte carácter, tan capaces de dar un puñetazo en la mesa en cualquier momento como de dar un zarpazo en una dura rampa y dejar a todos con la boca abierta. Su vida no fue cómoda: en 1976 los médicos le diagnosticaron una grave enfermedad renal que le impedía seguir corriendo. Durante mucho tiempo, Fuente luchó contra el impedimento de los doctores y trató en vano de reaparecer. Denunció, a su manera, todo tipo de persecuciones oficiales. Lo que es cierto es que nunca se calló, que dijo, para bien o para mal, todo aquello que le pasó por la cabeza. Fue un corredor sincero dentro y fuera de la carretera, un hombre de excesos, y eso ha permitido que nunca se le haya olvidado en el recuerdo popular.

Tres instantáneas captadas por la cámara de Francisco Alguersuari, en la Vuelta de 1972. Arriba, en el podio y tras recibir las flores del éxito. A la izquierda, Fuente aparece junto al popular Jaime Mir, el 'Hombre del Bigote'.

La agresividad de Fuente en la montaña conectó con el gusto popular. Era el siguiente eslabón en la cadena que habían forjado Bahamontes y Julio Jiménez.

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